CONSUM “IDO” ®



“Anhelando una total enajenación contemplativa,
Pido a gritos no ser carne que se pudre, muere
Y beber del cáliz del acero que eterniza mi cuerpo
La niebla, el smock y la constante habladurías
Tiñe lo que fueron mis ojos, de un gris plomo
Ya no veo como niño, como humano,
Solo quiero interpretar bajo un sistema binario”.


Nada me llena, me satisface, me da seguridad y cobijo ante los embates titubeantes de mis propias decisiones. El miedo y el peligro a equivocarme en las elecciones que las posibilidades diarias se interponen en mi vía, se sientan conmigo, en primera fila, en el tren de la vida.

Cuando el impulso desesperante, me empuja por cualquier medio a silenciar “el llamado”, la posibilidad de una puerta abierta, una escapatoria, y una maquinaria en marcha, me da solo un instante irreflexivo, para saltar hacia el bullicio, el ruido del mercado; cayendo sobre el metal de la cartelera entre adoquines multicolores, de las calles de la ciudad que son base de mi caída, mi peso.

Allí solo, golpeado y con sangre en mis manos necesitamos la ayuda, el auxilio; para lavarme, para limpiar y sacar las manchas de las penurias, del dolor…de la carne, para luego buscar la guía en el interminable e inagotable mapa citadino del consumo y velocidad de recambio.

Desorientado y titubeante, comienzo a seguir la cartelera que me da la guía a través de luces, de sonido, de símbolos, apareados entre constancia y repetición, en un éxtasi y frenesí de un clímax de inmortalidad, perdiendo lentamente los temores y la angustia de la soledad, transformándonos en una cifra, dentro de millones; estadística de planillas mercantiles como miembro preferencial de la morfologías super-consumistas.

Y como un número más dentro del mundo del cálculo, el cómputo y el registro, me sublimo a los requerimientos e imposiciones del poder, que tienen el control y difusión masiva de los índices, las estadísticas… la verdad que este sistema me “programe” obedecer.

Ahora sí, “pertenezco” al mercado, es medio-día, las puertas están abiertas para que mi in-decisión de compra adquiera los productos y servicios que satisficieran ¿mis reales deseos?, ¿o los del mercado?; no es de importancia, esta compulsión me da pertenencia, solides, me hace algo ante los demás, me quita ese “miedo a la libertad” a equivocarme, a ser uno mismo, a auto conocerme y así conocer lo que me rodea para saber lo que elijo; pero principalmente me quita el pesado y sofocante acto de…..pensar.

Pero lo grandioso es que dentro del “mercado” no solo compro productos y servicios como alimentos, vestimentas, medios de transporte, medicamentos, distracciones, comunicación, salud, etc, sino también se pueden comerciar con “esencias o modos de vida”; comprando ideologías (políticas, religiosas, sociales), símbolos, marcas, grupos, palabras, noticias, personajes, protección, compro una imagen para ser atractivos, para conseguir una pareja, para tener nuevos amigos, dietas efectivas, carreras profesionales, caretas, etc.

Por suerte tengo siempre los “medios” que me guían en todo momento, apoyándose en lo que se dice, lo que se consume, lo que hay que ver, comer, manejar, leer, escribir, como lo indica fielmente la propaganda, la publicidad, las noticias, y las “gloriosas” encuestas, que sin mediar, palabras, me “arrojan” cifras finales, que son mi camino para no perderme, son lo que la mayoría opina, dice, lo que me da seguridad.....¿para qué plantearme una situación, una pregunta una duda?, si los “números” reflejan la realidad….?

Con esta gula de números, índices, propaganda y publicidad, me mantienen “satisfecho” en un círculo vicioso de consumo y embriaguez, pero el círculo de tanto girar y girar, se desgasta, se pone lento, se desvía o quiere agotarse, pero nada de eso, el show debe continuar, y el “látigo instigador” del “Supremconsumun”, me marca con golpes constante de temores, de pérdida de pertenencia, con miedos a enfermar, a perder una oportunidad, un empleo, la familiar,…la vida.

Fiel a la escuela de la tiranía y la conquista de conciencias, el vigilante mercantil fundamenta sus torturas en el slogan psicopático, a la caza de presuntos escapistas, lanzándome pánico, tales como ¡¡¡cuidado…lo perderás todo….es para perdedores….no es de tu clase….gastaras mucho dinero….no está a la moda….es viejo….perderás tus ahorros….no es seguro!!!!…..etc, etc.

Muy bien, ahora que ya he cumplido y me he sometido con todos los requerimientos que el mercado me dictó, y el masoquismo me marcó; mi diploma de consumidor me ha sido entregado. Fue muy extenuante, perdí mucho por el camino, pero lo logre, lo conseguí, tengo pertenencia ciudadana, ya asimilo a la marca y ella a mí, ya sé lo que es bueno, lo malo, lo de moda, la feo, lo caro, y ahora tengo miles de amigos que escuchan, que cuento (1,2,3,4…), no sé ni cómo se llaman, de donde son o que hacen, que les agrada, y que no, que sienten o cuáles son sus problemas, nada de eso, solo sé que me escuchan y que estoy dentro del “grupo” porque soy “un vocero”, el guía.

Y cuando sale el tren de la vida, yo soy el lazarillo, que los orienta, los maneja; obligándolos a detenerse, a no subir, porque….amigos…. en ese tren, nunca hay “fieles” pasajeros. Te rosan, te empujan, quieren hablarte; espontaneidad, reflexión, crítica, creatividad, todas hijas de una conciencia autentica, que los quieren arrastrar hacia la mayor de los abismos…..que tomen una decisión propia.

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