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SOLEDAD DE CONCIENCIA - In Sacred Solitude: Awakening to the Self and the Whole



Hay que fomentar, apañar y dar ímpetu de Gracia, a aquellas “soledades discursivas”, o “soledades místicas” que pueden florecer y están creciendo o por “crecer” en los escondrijos de este mundo, sub-mundo. Tomando una postura o mejor dicho un Karácter (ver etimología) que los “´protege” de la enajenación de los Dogmas de todo tipo: religiosos, científico, tecno-social, lógico, que todo lo mide, explica, teoriza, en-cuadra y dan respuestas objetivas a todo, al Todo; “enroscándose” en disquisiciones lógicas para auto fundamentare en un círculo samsárico auto-engañante y enajenador.

Esta/os…Solitaria/os, no solo pueden encontrarse en un monasterio en lo alto de una montaña, en un bosque alejado, en la jungla, recluidos en una caverna, en el desierto o en un páramo solitario como habitualmente nuestras mentes dicotómicas y estereotipadas lo describen; -no no; pueden vivir, sobre-vivir y con-vivir, en el medio de una gran urbe, en una barrio marginal, en un ciudad de mediana población o en un pueblo como un ciudadano más: porque el principio de Soledad de la que estamos hablando, es más bien mental, de conciencia; que “geográfico”; diferenciemos pues, aislamiento de Soledad. Estas/os “solitaria/os citadina/os”, podríamos decir, en muchos casos, son más “resistente”, y se hacen más fuerte dentro de estos “ámbitos”; ya que convive diariamente con el “bombardeo” informativo, del conocimiento, de las “primicias”, del dogmatismo, de la ideología y la publicitario; de todos los tipos.
Seamos coherente, por favor!!!!. No basta con la información y el conocimiento tan en boga, necesitamos Sabiduría, que proviene más de dentro que de Fuera; para así En-TENDER-nos a nosotros mismos, a la naturaleza (de la que también somos parte) y al universo interconectado del cual también pertenecemos. Hay que aprender a (con muchas comillas) “”””ESCUCHAR”””” a eso mismo; a nosotros, a la naturaleza, al Todo, pero no en tanto que COSAS, sino en tanto relaciones, conexiones, vínculos..En pos de una revolución, una subversión, para un cambio REAL, porque hablamos de nuestra experiencia en/con la Total Realidad (no solo de una parte, de un sesgo), esta postura o posición nos llevará a una Toma de conciencia nueva, abiertos al SER en total plenitud para con los Otros, para con el Mundo….se atisba una ética? Se preguntarán…-creo que sí, les responderé.
Porque, todo el mundo entra en contacto con La Realidad desde la experiencia, es bien sabido. Desde los sentidos carnales, además también, desde la inteligencia o inteligibilidad que nos da el conocimiento o las creencias; y por último y no menos importante desde las intuiciones llameémosla: místicas. Para “estar” en la realidad debemos estar en pre-pos-disposición de/con las tres, no solo de una de ellas….todas se complementan para, ver, escuchar o mejor dicho acercarse a lo que podemos realmente nombrar como Realidad dentro de una experiencia que asi, podemos llamar plena….por ello mi actitud hacía con la mística. Por ello mi insistencia a que las intuiciones místicas son universales, cualquiera de nosotros puede percibirlas; cotidianamente, siempre, están allí, o en mejor dicho en mi, el tema es que nuestros Ser por adaptabilidad, costumbre, hábito para poder subsistir, se ve obligado a “dejar algo en el camino”….para muchos; lo menos UTIL, y esto es la mística, el misterio insondable…..que al Tender al Origen vemos que no solo es lo más “útil”, eso es lo de menos, sino Es lo que nos guía…de “ilumina” el verdadero camino.
Esta/os “Solitaria/os” aunque se los tache de que tienen una actitud solipsísta, egoísta, ensimismada; es todo lo contrario. Están más integrados a la comunidad, a los Otros; que los que están dentro o más bien dicho, inmersos en una actitud-comportamiento gregaria, de rebaño, fieles a lo que se hace, se dice, les dicen….se mueven en “manada”…en su mayoría por temor a no pertenecer, a perder. El Solitario, en momentos sabe apartarse ( en un sentido de conciencia no geográfico ni histórico) y ve y oye “desde fuera”, desde “lo alto”; no inmerso o “tapado” por las imágenes, el ruido, las habladurías….y repito; aún viviendo en una gran, mediana o pequeña comunidad-ciudad. Y esta no es una actitud de superioridad, desdén o elitista; es una pre-dispoción más bien amorosa. Y el amor nos une, nos liga a las cosas, a la naturaleza… a los Otros.

We must nurture, protect, and breathe Grace into those “discursive solitudes” or “mystical solitudes” that may already be blossoming—or are yet to blossom—in the hidden corners of this world, this sub-world. This requires taking a stance—or rather, a Karákter (see its etymology)—one that shields these solitudes from the alienation imposed by dogmas of every kind: religious, scientific, techno-social, logical—those systems that measure, explain, theorize, frame, and offer “objective” answers to everything, to the Whole; entangled in endless logical disquisitions, self-justifying within a samsaric circle of deception and estrangement.

These Solitaries are not found only in mountaintop monasteries, secluded forests, deep jungles, caves, deserts, or remote wastelands—as our dichotomous and stereotyped minds so often imagine. No, not at all. They may live, survive, and co-live in the midst of a vast metropolis, in a neglected neighborhood, in a mid-sized city, or in a small town as just another citizen. For the Solitude we speak of here is not primarily geographical—it is mental, a state of consciousness. Let us distinguish, then, isolation from Solitude.

These “urban solitaries,” one might say, are often even more resilient. They grow stronger within these environments precisely because they dwell daily amid the bombardment of information, breaking news, dogmatism, ideologies, and advertisements of all kinds.

Let us be coherent, please! Information and knowledge—so fashionable today—are not enough. We need Wisdom, which arises more from within than without. Only through it can we begin to truly understand ourselves, nature (of which we are a part), and the interconnected universe to which we also belong. We must learn to—quoting generously—“LISTEN” to that: to ourselves, to nature, to the Whole. But not as things—rather, as relationships, connections, bonds.

We need a revolution. A subversion. A REAL change. Because we are speaking of our experience with Total Reality—not just a fragment or bias of it. This stance will guide us to a new awakening, an openness to BEING in its fullness—toward Others, toward the World. And yes, you may ask: does this imply an ethic? I believe it does.

For it is well known: all people come into contact with Reality through experience. Through the senses of the body; through intelligence and the intelligibility that knowledge or belief can offer; and finally—no less importantly—through what we may call mystical intuitions. To truly be in reality, we must be predisposed to all three—not only one. They complement each other so that we may see, hear, or rather approach what we may truly call Reality—within an experience we might then name as whole.

This is the root of my disposition toward mysticism. This is why I insist that mystical intuitions are universal—any of us can perceive them. They are there, always present… or rather, within us. The issue is that, in order to survive, our being—through habit, adaptation, repetition—is often forced to “leave something behind.” For many, that something is what seems least useful: the mystical, the unfathomable mystery. Yet as we tend toward the Origin, we realize that it is not only the most useful—which would be a shallow reason—but more importantly, it is what guides us, what illuminates the true path.

These Solitaries, even when labeled solipsistic, selfish, or self-absorbed, are quite the opposite. They are often more integrated with the community, with Others, than those immersed in gregarious behavior—in herd mentality—those who follow what is done, what is said, what they are told. They move in packs—driven mostly by fear: fear of not belonging, of loss.

The Solitary, at certain moments, knows how to step aside—not geographically or historically, but consciously. From that place, they can see and hear from outside, from above—not immersed or veiled by images, noise, chatter. And I repeat: this can happen even while living in a large, medium, or small community or city.

This is not an attitude of superiority, disdain, or elitism. It is, rather, a lovingly inclined disposition. And love unites us—it binds us to things, to nature… to Others.

TECNOLOGÍA O NO SER?, ESA ES LA CUESTIÓN?.





“[…] en la medida en que el hombre construye

técnicamente el mundo como objeto, se obstruye

voluntaria y completamente el camino hacia

lo abierto (la presencia del ser en su verdad),

que de todas formas ya está bloqueado.

El hombre que se autoimpone es asimismo,

quiéralo o no, sépalo o no, el funcionario de la técnica.-”

Martín Heidegger


¿Tecnología o no-ser?

Fuerza vital, sacrificio corporal y encantamiento técnico en la modernidad tardía



En el año 2011 diversos medios internacionales difundieron una noticia que generó asombro y polémica: un joven de diecisiete años, residente en la provincia china de Guangdong, confesó haber vendido uno de sus riñones por aproximadamente tres mil dólares con el objetivo de adquirir una tableta iPad de última generación. El hecho fue abordado mayoritariamente desde dos perspectivas: por un lado, como una consecuencia del tráfico ilegal de órganos y de la desregulación jurídica en determinados países; por otro, como una manifestación extrema de la desigualdad económica global.

Sin embargo, más allá de estas lecturas —sin duda pertinentes— el acontecimiento plantea una pregunta de orden filosófico más radical: ¿qué estructura de sentido hace posible que un dispositivo tecnológico se convierta en un bien deseable al punto de justificar la mutilación voluntaria del propio cuerpo?

El presente trabajo propone leer este gesto no como una excentricidad individual, sino como un síntoma revelador del vínculo contemporáneo entre técnica, deseo y subjetividad, en el cual la fuerza vital humana se convierte en mercancía intercambiable y el objeto técnico adquiere un estatuto cuasi-sacral.


La reflexión de Martin Heidegger resulta fundamental para comprender el trasfondo ontológico del fenómeno analizado. En La pregunta por la técnica, el filósofo alemán advierte que la técnica moderna no debe ser entendida simplemente como un conjunto de instrumentos, sino como un modo de desocultamiento del ser, es decir, como una forma específica en que el mundo se manifiesta y se organiza (Heidegger, 1997).

En este marco, la técnica moderna reduce lo ente a fondo disponible (Bestand), algo siempre listo para ser explotado, optimizado y consumido. Este proceso no excluye al ser humano, que pasa a concebirse a sí mismo como recurso energético, funcional y cuantificable. Heidegger señala con precisión que el hombre moderno, aun creyéndose señor de la técnica, deviene en realidad su funcionario, ejecutor inconsciente de su lógica.

La cita que abre el texto original —“el hombre que se autoimpone es asimismo […] el funcionario de la técnica”— adquiere aquí pleno sentido: el joven que vende su riñón no actúa fuera del sistema técnico, sino en su interior más coherente. Su cuerpo es integrado al circuito de disponibilidad que rige al mundo técnico.


Uno de los ejes conceptuales más relevantes del texto que aquí se fundamenta es la noción de fuerza vital como recurso finito. Todo ser humano dispone de una cantidad limitada de energía psico-corporal que se sostiene mediante la alimentación, el descanso y el cuidado del cuerpo. Esta energía es, en las sociedades modernas, parcialmente vendida en el mercado laboral a cambio de un salario.

Este fenómeno fue analizado tempranamente por Karl Marx bajo la categoría de fuerza de trabajo, entendida como mercancía peculiar, ya que su consumo implica el desgaste de la vida misma (Marx, 2002). Sin embargo, en la modernidad tardía, este proceso se intensifica y se extiende más allá del ámbito laboral, alcanzando la totalidad de la existencia.

La venta de un órgano vital constituye una radicalización de esta lógica: el cuerpo deja de ser solo el soporte del trabajo para convertirse directamente en objeto de intercambio. Aunque se suele afirmar que una persona puede vivir con un solo riñón, la pérdida implica una reducción real de la capacidad vital, una limitación permanente de la energía corporal. El sacrificio no es simbólico: es material, irreversible y encarnado.


Hannah Arendt describió al Homo laborans como aquel cuya vida queda absorbida por el ciclo interminable de la producción y el consumo (Arendt, 1993). En la era de la hiper-tecnologización, esta figura se transforma en lo que podríamos denominar un Homo laborans-laborans, es decir, un sujeto que trabaja no solo para satisfacer necesidades básicas, sino para sostener un deseo permanentemente renovado de objetos técnicos.

La lógica de la actualización constante, de la obsolescencia programada y del lanzamiento continuo de novedades genera un círculo vicioso: el salario nunca alcanza, el tiempo nunca es suficiente y el cuerpo comienza a manifestar signos de desgaste patológico. El ocio creativo, la vida contemplativa y la experiencia del límite quedan progresivamente erosionados.

En este contexto, la tecnología promete aliviar la angustia existencial —mediante el entretenimiento, la conexión permanente o la ilusión de control—, pero termina profundizándola, al exigir cada vez mayores sacrificios de tiempo, energía y vida.


Un rasgo central del fenómeno analizado es el encantamiento tecnológico. El objeto técnico deja de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo, investido de un alto valor simbólico. Poseer el dispositivo adecuado otorga pertenencia, reconocimiento y una sensación momentánea de poder.

Este proceso puede interpretarse como una forma de sacralización secular: el objeto tecnológico ocupa el lugar que en otras épocas correspondía a lo sagrado, ofreciendo promesas de plenitud, omnipotencia y trascendencia. El sujeto, al identificarse con el objeto, se percibe a sí mismo como ilimitado, olvidando su condición finita, vulnerable y corporal.

Sin embargo, como señala el texto original, esta divinización es ilusoria. El “dios tecnológico” es un dios caricaturesco, cuya aparente soberanía encubre una profunda forma de esclavitud: la subordinación total a la lógica del sistema técnico.


La técnica moderna impone una relación específica con el tiempo: el imperativo del ahora. La espera, la formación lenta, el proceso y la maduración quedan desvalorizados frente a la urgencia de la actualización inmediata. “Hoy o nunca” se convierte en la consigna tácita del deseo tecnológico.

El joven que vende su riñón no puede esperar años para estudiar o trabajar: el dispositivo debe ser adquirido antes de quedar obsoleto. Esta aceleración temporal anula la posibilidad de proyecto existencial y conduce a decisiones desesperadas, en las que el futuro se sacrifica por un presente fugaz.


El análisis aquí desarrollado no pretende adoptar una postura tecnofóbica. La técnica ha ampliado de manera incuestionable las posibilidades humanas, especialmente en campos como la medicina, la comunicación y el conocimiento científico. El problema no es la técnica en sí, sino su absolutización.

Cuando la técnica deja de ser medio y se convierte en fin, se produce una doble alienación: el objeto pierde su carácter instrumental y el ser humano pierde contacto con su propia esencia. Recuperar una relación sana con la técnica implica reinscribirla en un horizonte ético y ontológico que reconozca la finitud, el límite y el valor irreductible de la vida.


El interrogante “¿Tecnología o no-ser?” no es una provocación retórica, sino una pregunta ontológica urgente. El caso del joven que vende un órgano vital para adquirir un dispositivo tecnológico revela hasta qué punto la modernidad tardía ha desplazado los límites de lo pensable y lo vivible.

Más que denunciar un exceso individual, el análisis muestra una estructura de sentido en la cual el ser humano corre el riesgo de ofrecer su propia vida en sacrificio a los ídolos técnicos que él mismo ha creado. Pensar críticamente la técnica se vuelve así una tarea ineludible para preservar no solo la dignidad humana, sino la posibilidad misma de una existencia auténtica.

EL OTRO

En la cabecera de este Blog donde hablo sobre su contenido, introduzco al final del párrafo la figura del “Otro”; como decía allí, de gran trascendencia histórica-ontológica que sin él, ni usted ni yo estaríamos en este planeta; la sociabilidad, el grupo, la comunidad contribuyo desde los primeros Homos a protegerse y alimentarse para subsistir, para luego crear la cultura (construcción de herramientas, manejo del fuego, ceremonias, arte, etc. Pero principalmente el mayor “invento” fue la lengua, permitiéndoles una comunicación y el entendimiento de las cosas y del “Otro”. De aquellos antepasados podemos realmente entender como a pesar de todos los obstáculos (clima, predadores, falta de alimento), subsistieron y pudieron adaptarse y evolucionar como la especie dominante, de ellos debemos aprender, recordar y valorar el mayor fundamento de subsistencia diaria….”la supervivencia del Otro es también la mía”
Este reconocimiento a alguien que no soy yo, pero que contribuyó, contribuye y pregonemos que contribuirá a mí Ser, es importante corresponder, y de este modo, determinar alcances y límites de mis deseos y del Otro, para tener conciencia crítica, reflexiva y preventiva de cuando:
- Mi Ser quiere Ser Otro, sumergiéndose en la inautenticidad.
- El Otro quiere poseer mi Ser, esclavizándome y alienando mi conciencia para su beneficio personal.
Estos dos puntos, remarcados, determinaron desde tiempos pasados y hoy día, por un lado el extravío de la personalidad propia, la autenticidad, la creatividad, imaginación, la perdida de la propia palabra, reflexión y todo lo que sale de mi yo mas intimo; y por otro lado mucho más oscuro y horrendo, la esclavitud, la tortura, el genocidio, la muerte, a través de nacionalismo, ideologías, dogmatismos y creencias.
Hay una frase que desarrolla, trágica y crudamente, lo que quiero expresar; dice:
“No fue el pueblo Alemán, el Ruso, ni los fieles, que planificaron, Auschwitz, el Gulag, la Inquisición y el 11-9; sino fueron el Nazismo, el Comunismo y el fanatismo religioso”.
Por otro lado, donde se plasman los casos de reciprocidades entre dos Seres auténticos, tolerantes, se hace luz: la ayuda sin pretender nada a cambio y sin fines particulares, actuando por el mero hecho de mantener un equilibrio, una paz, una unión, entre hermanos de una misma especie; rememorando lo más primitivo, y primario de nuestra constitución del Ser totalmente libre que lucha y se revela contra las adversidades, que desestabilicen o sean un amenaza para el Otro-yo.